Desde las Llanuras… El pan pan, y el vino vino

“Déjate de cumplimientos entre nosotros; ya sabes que yo soy franco y castellano viejo; el pan pan, y el vino vino”

Y con esta; solo una de las memorables frases, que nos dejó para la eternidad el insigne Fígaro en uno de los célebres artículos salidos de la pluma de Mariano José de Larra; deseo arrancar esta humilde reflexión, sin ganas de agradar a nadie: pues todos tenemos una opinión al respecto, pero con el firme propósito de llamar a cada cosa por su nombre y hacerlo en mi lengua vernácula; que no es diferente a la de la gran mayoría de ustedes; el castellano, en ningún caso el español, a pesar de que alguna Real Academia me diga que puedo usar ese término.

Lo haré en castellano, aún sabiendo que muchos de ustedes hablarán en andaluz, como es lógico. Pero lo haré con el total convencimiento, de que me entenderán. Estoy seguro que no les costará esfuerzo comprender mis palabras, no solo porque después de tantos años en Andalucía, mi castellano se haya visto alterado por las influencias de su bello dialecto, sino porque a pesar de las diferencias en la pronunciación y el significado distinto de algunas palabras, compartimos la misma lengua vernácula. Aquella que se codificó durante el reinado de Alfonso X el Sabio, agrupando las diferentes variedades dialectales existentes en sus dominios. De ahí nació el castellano, (el último de los idiomas nacidos en la Península Ibérica) que se fue extendiendo a la misma vez que se extendía Castilla.

El lenguaje, es posiblemente la mayor manifestación cultural de un pueblo. Algo que no entiende de fronteras, ni realidades geopolíticas. Por eso, curiosamente, ninguno de los idiomas oficiales de nuestro heterogéneo país, se habla solamente en España.

El gallego y sus distintos dialectos, se hablan no solo en Galicia, sino en la zona norte de Portugal y localidades extremeñas limítrofes con el país luso.
El vasco (preciosa historia la de este lenguaje, sin familia base conocida y siempre envuelto en un halo de misterio por unos orígenes que ningún experto ha podido establecer) junto con su multitud de dialectos, es hablado en el norte de España, más allá de esas fronteras impuestas por el hombre y que delimitan un territorio llamado País Vasco, y en el sur de Francia, donde goza de una especial protección y potentes políticas de fomento para su conocimiento.
El castellano y sus variantes, sabrán tan bien como yo que ocupa el 2º puesto como idioma más hablado en el mundo, abarcando cuatro continentes y a más de 500 millones de personas.
El catalán y sus dialectos, ocupa el 2º lugar por hablantes de las lenguas vernáculas, nacidas en ese territorio que hoy llamamos España, y su importancia es tal, que engloba a más de 12 millones de hablantes, no solo en Cataluña, sino en regiones como la Valenciana y las Islas Baleares, algunos puntos de la actual Italia e incluso es el idioma oficial de un país, que nada tuvo que ver nunca con Cataluña, como es Andorra.

Entonces entenderán ustedes, porque no me siento con ningún tipo de derecho para expresarme en español. Porque para mí, tan español es el castellano, como el catalán, el gallego o el vasco. Todas son lenguas nacidas en el territorio que hoy comprende este país diverso y por ello tan especial. Si un australiano o un estadounidense escribe en inglés; no en británico, porque tan británico es el inglés, como el galés, el irlandés o el escocés; yo lo haré en castellano.

La cultura y el lenguaje, como máximo exponente cultural de un pueblo, nunca han sido algo estático, sino que han ido evolucionando, enriqueciéndose con aportaciones foráneas y adaptando esas aportaciones a las formas de vida, de expresión de los pueblos. Sin fronteras. Ha sido y me gustaría que fuera siendo un elemento integrador. Algo que se manifiesta con orgullo, pero que está abierto a toda aportación. Algo que hay que proteger y preservar sin menospreciar. Vuelvo a repetir; sin fronteras, y mucho menos por razones políticas.
Desde hace tiempo me siento horrorizado, por esa lucha absurda, Cataluña-España, España-Cataluña que desde algunos partidos políticos o algunos políticos en concreto, plantean en nombre de los sentimientos de una sociedad. Como si la sociedad catalana o la sociedad española estuviera formada exclusivamente por sus acólitos. En un intento inútil de manipular el corazón del ser humano, empequeñecerlo o coartar la libertad individual de sentirse español, catalán, europeo, todo a la vez o nada en particular.

Cada vez es más frecuente ver, como desde la política se intenta nacionalizar los sentimientos a través de la cultura.
El llamado concierto per la libertat, del pasado sábado en el Camp Nou, es otra muestra más, donde una organización política apoyada por partidos de tintes soberanistas o nacionalistas, se creen dueños del sentir general por aglutinar a 90.000 personas en torno a unas viejas glorias del franquismo, que paradójicamente, casi todos han cantado siempre en castellano y algunos artistas catalanes e incluso madrileños fanáticos del protagonismo, que a golpe de talonario están a favor de lo que sea. Aunque sea una independencia por ley imposible y en pleno siglo XXI, en la era de la globalización, totalmente fuera de lugar.
La cultura catalana se manifiesta en Cataluña, al igual que en Andorra o que en L’Alguer municipio de la isla de Cerdeña. No es monopolio de la Cataluña actual o de los llamados Países Catalanes, con la Comunidad Valenciana o las Islas Baleares incluidas. Y esa, precisamente es su grandeza. Pero este ejemplo no es el único, y ni mucho menos el más estrafalario

Recientemente leía en una publicación especializada, como las Cortes de Aragón aprobaban con el único voto del partido gobernante, una ley que dicen desde el gobierno regional, servirá para promover y preservar las variedades lingüísticas de la región. Nada más lejos de la realidad. Se trata de un burdo intento, que ya huele a obsesión, de degradar lo catalán, desde las posturas más españolistas. Otra vez la dichosa guerra España-Cataluña. Les cuento.

A partir de ahora, el catalán que se habla desde siempre en Aragón; los dos dialectos; pasan a llamarse LAPAO (Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental) y LAPAPYP (Lengua Aragonesa Propia de las Áreas Pirenaica y Prepirenaica).

Menuda patochá, como diríamos en la Lengua Marteña Propia (LEMARPRO), cuando el andaluz se excluya del castellano, y el marteño del andaluz, para no ser menos. Aunque nosotros por lo menos podríamos decir, que hablamos el LEMARPRO, por mal que suene, porque respecto al LAPAO, ya existe un idioma en China con ese nombre, y el gobierno aragonés desaconseja el uso de esta abreviatura para evitar confusiones. Ver para creer.
Todo un despilfarro de idioteces, sin ningún tipo de demanda social (los estudiantes de estas zonas seguirán aprendiendo desde niños el catalán, en su variedad dialectal correspondiente) y lo que es peor, empobreciendo la cultura del lugar al considerarla un elemento aislante y echando más leña a un fuego, que solo beneficia a algunos políticos que se envuelven en banderas de colores para esconderse de sus mediocridades.

Me siento afortunado al poder expresarme en castellano, però també sento el català com una cosa propia. A beleza da lingua galega recórdame épocas máxicas, magikoa da, euskararen historia ezagutzeko gisa . Agur

Emilio Almodóvar

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