Desde las Llanuras… Nosotros los farsantes

Emilio Almodóvar | Cada mañana, salgo de casa vistiendo una sonrisa. Los llantos se quedan de puertas para adentro. Es un hábito saludable, que tomé tras una lectura, de esas que te marcan. Que te sirven para ser más feliz. El libro se llama ”Un mundo sin quejas” de Will Bowen y su lección es clara.

Ante la adversidad, levanta la cabeza, aprieta los dientes y continua hacía delante, sin perder el tiempo en quejas y lamentos que nada puedan solucionar. Quejarse es solo algo obligado, cuando sirve para cambiar el rumbo de las cosas. Y ahora, siento que ha llegado ese momento.

Como miembro de familia numerosa, donde ambos cónyuges son desempleados y uno de ellos sin prestación alguna, comprenderán que llevo años buscando estabilidad. Una situación que no llega y me obliga a estar constantemente buscando oportunidades donde sea y como sea. Además he vuelto a estudiar, hago cursos. Colaboro en asociaciones y mis aficiones se han ido ajustando al presupuesto familiar. La misma historia de millones de españoles, que nos sentimos parte de la sociedad. En esta actividad frenética, que me hace sentir vivo ante tanta precariedad económica; donde siempre prima la búsqueda de empleo, se me ocurre hasta presentar solicitudes a convocatorias públicas, confiando en la limpieza de todo proceso administrativo y con la convicción de que si cumplo los requisitos me aceptarán y si no los cumplo, mi solicitud será desestimada. O eso creía.

A continuación, y con mucho ánimo de crear polémica o por lo menos molestar, paso a relatar el proceso de selección de las personas que se van a beneficiar de la convocatoria de empleo, que el Ayuntamiento de Martos, en connivencia con los Servicios Sociales municipales, ha gestionado recientemente, dentro del Decreto-Ley 7/2013 promovido por la Junta de Andalucía.

Todo comenzó, una vez entregada la solicitud, con una llamada telefónica en la que una Trabajadora Social, me comunicaba su intención de visitarme el mismo día en mi domicilio particular, para valorar un informe de exclusión social. Con cara de póquer acepté la visita, sin comprender muy bien donde estaba la duda. Me sentía y me siento parte de la sociedad. Ya lo he dicho, aún me siento vivo. En esta entrevista, la funcionaria me confirmó lo evidente. Aunque los ingresos de la unidad familiar eran mínimos, la ayuda constante de nuestros padres, nuestro piso normal donde vive una familia normal y nuestra actitud constante de movernos de no estarnos quietos, eran síntomas claros de que mi familia no se encontraba en riesgo de exclusión social. ¡Qué alivio! Charlando con nuestra invitada, nos confesó que la Junta de Andalucía, había impuesto unas condiciones muy duras para ser considerado a tal efecto. (Condiciones que dicho sea de paso están vetadas al público al no aparecer Ley o Reglamento alguno que las indique, por lo que me lleva a pensar que es un juicio personal de los Servicios Sociales de cada municipio). Por ejemplo casos de familias desestructuradas, situaciones de hacinamiento en la vivienda, marginalidad y ese tipo de cosas. Entendí perfectamente el objetivo del plan, y me alegre por aquellas personas que en situaciones de dificultad extrema (más allá de las económicas) pudieran aprovecharse de hasta tres meses de alivio.

Como era de esperar, no me aceptaron. Reclamé… si, reclamé y volvieron a desestimar mi solicitud, por no contar con el dichoso informe de los Servicios Sociales.

Lo bueno y lo malo de los pueblos, es que casi todos nos conocemos.

Reclamé, porque en esa lista de admitidos, donde seguro hay personas en riesgo de exclusión social, entendido como a mí me lo explicaron; muchos, no todos recalco, son vecinos que también forma parte de la sociedad, del colectivo, que posiblemente estén pasando malos momentos económicos, igual que quien les escribe, pero en ningún caso peores. Lo aseguro. Son personas que tienden a pensar que sus problemas son más importantes que los del resto del mundo y colapsan con sus peticiones a políticos y trabajadores públicos día tras día, amparándose en el derecho a ser escuchados. Derecho del que abusan perjudicando con ello los procesos públicos, abiertos para el colectivo y que deberían de mantener la equidad e independencia sean conocidos o no por quienes tienen que tomar la decisión. Estoy seguro, que luego algunos se auto proclamaran socialistas, con este tipo de actitudes liberales. Incongruencias del pensamiento. Aún así, ese individualismo extremo de esa parte de la sociedad, que piensa que el Ayuntamiento es una casa de empleo y tiene la obligación de proporcionarles trabajo, por el simple hecho de que lo están pasando mal, no sería ilegal si desde nuestro ayuntamiento y los Servicios Sociales municipales se limitarán a cumplir la ley. Pero no lo han hecho, por lo que el proceso es ilegal.

Reclamé, porque cuando acudí a pedir explicaciones a Servicios Sociales, intentaron convencerme de que ellos no eran detectives que bucearan por las economías sumergidas de las gentes. Bendita economía sumergida, aquella que sirve para sacar adelante una familia. Como si, con la documentación que requería la solicitud no fuera suficiente para ver que en esa lista hay personas donde ambos cónyuges cobran un subsidio de desempleo y no tienen la condición de familia numerosa. Hay personas que no tienen hipotecas, bien por residir en viviendas heredadas o que con mucho esfuerzo a lo largo de sus vidas, estoy seguro, ya las han pagado. Hay personas con todos sus hijos emancipados y trabajando. Personas que han estado trabajando en situación legal, antes y después del proceso. Existen casos, hasta de gente admitida, que una vez presentada la solicitud se ha marchado a trabajar al extranjero y siguen allí. Me pregunto ¿Dónde están los informes de exclusión social de esas personas? No es necesario ser detective para comprobar estas situaciones, simplemente ojear los documentos aportados o realizar la misma visita de cortesía a todos los solicitantes. Pero no han hecho nada de esto, por lo que es un fraude al conjunto de la sociedad.

Reclamé porque el Ayuntamiento de Martos escurre el bulto al informe de Servicios Sociales, y estos a su vez a que la documentación que tenían que aportar los solicitantes no pasaba por sus manos. ¡Qué coordinación es esa!
La respuesta para mí, está clara. Varios admitidos ya me han confesado que ha ellos no les ha visitado nadie, y en otros casos es imposible pues no se encontraban en España durante el proceso, incumpliendo así el artículo 8 del Decreto-Ley donde se habla de los requisitos de las personas solicitantes y en su apartado C, se puede leer “Que la persona solicitante forme parte de una unidad familiar en situación de exclusión social o en riesgo de estarlo, acreditada mediante Informe Social de los Servicios Sociales Comunitarios.”. (Decreto-Ley 7/2013 de 30 de abril).

En las calles se escuchan las mismas quejas que aquí presento. Por lo que todo este proceso, me suena que ha sido una pantomima para agradar a conocidos y desconocidos molestos, dándoles quince míseros días de trabajo y cerrar la boca de actitudes victimistas. Por lo que, como en mi caso, estoy convencido que ha quedado mucha gente fuera, con peores o al menos las mismas situaciones, simplemente por el hecho de no molestar, de no llorar, de no quejarse por una situación de índole personal. Se han quedado fuera por luchar al margen de la pena y enfrentarse a los problemas de cara. Todo esto no tendría sentido denunciarlo, (pues cada cual es libre de vivir su desesperación como quiera, hablar con quien quiera y tomarse sus problemas con la aptitud personal que quiera), si tanto Ayuntamiento de Martos, como Servicios Sociales no lo hubieran consentido. Pero han sido cómplices y máximos responsables de esta farsa.

Termino con una reflexión personal, respecto a nuestra sociedad, en la que por los motivos antes esgrimidos me incluyo. Si nosotros los farsantes, prostituimos con nuestro individualismo, los procesos administrativos colectivos, de tal forma que “obligamos” a nuestros representantes públicos a actuar de forma injusta e ilegal, que derecho tenemos luego a quejarnos y a denostar a la clase política, cuando son ellos, como estamos viendo día sí, día también,  los que se saltan los procesos y adjudicaciones en su beneficio particular. Qué ejemplo estamos dando como sociedad, que pretende estar muy por encima de sus gobernantes.

P.D.  Mi intención no es otra, que la de denunciar una situación, que si bien existen voces que desde hace tiempo indican estas actuaciones en muchos ayuntamientos, a título personal me ha tocado vivir y experimentar en esta ocasión. Me gustaría aclarar que no pertenezco a ningún partido político, y que si hasta la fecha, he sido un mero observador, preocupado por la política, crítico y espero que constructivo, esta situación me ha llevado a replantearme seriamente mi participación en ella.

Como siempre en los momentos difíciles, cuando más ganas tienes de abandonar, la pulsera oficial del libro referido al inicio, acompañará mis días.

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2 comentarios
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  1. Lo único decirte que estoy seguro que hay mucha gente que también se siente como tú. Creo que no podías haberlo expresado mejor.

    Ánimo y movilízate!!!

  2. Enhorabuena , Emilio , por tu denuncia.Hoy en día hay muchos indignados pero muchos más que son mudos.El no pertenecer a ningún partido político da libertad para patalear sin someterse a una disciplina de ideario aunque vean las injusticias.
    Un consejo por si te visitan otra vez: casa sucia , niños desharrapados , mujer sucia de aspecto y con ojeras,no recojas la cocina,vacía el frigo de lo poco o mucho que tengas y deja un triste cartón de leche,quita las fotos de los padres ( estáis solos en el mundo )……En fin , pierde la dignidad lo más que puedas y verás como te admiten. Un beso.

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