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Desde las Llanuras… Solo son Valientes

Emilio Almodóvar | Nunca fue fácil para un emigrante abandonar su pueblo, su ciudad o su país; dejar atrás su familia, su casa, sus amigos, su vida, para conseguir un poco de estabilidad laboral, un poco de libertad de pensamiento o lo que es más grave, para proteger su vida. Nunca fue fácil para un emigrante recorrer el camino que le alejaba del mundo que conocía; un camino que lo llevaba a tierras extrañas de las que muchas veces por no conocer, no conocía ni el idioma. Nunca fue fácil para un emigrante llegar al destino al que la vida le empujaba; aguantar horas, días o meses de viaje en incómodos asientos de autobuses, trenes o desvencijados camarotes. Nunca fue fácil para un emigrante mantenerse firme en su propósito; cuando gran parte de los beneficios de su trabajo los enviaba a España en remesas que ayudaban a mantener a su familia, mientras pasaban auténticos apuros para subsistir. Nunca fue fácil para un emigrante retornar a su país de origen; porque en el lugar en el que había vivido tantos años, donde había construido su vida, ahora dejaba una familia, unos amigos. Volvía a dejar una vida. Nunca fue fácil la vida del emigrante porque en su alma siempre faltaba algo que se veía obligado a dejar atrás.

En esa vida difícil, maltratando su propio espíritu, un emigrante cualquiera volvió un día a España para pasar los últimos años de su vida en paz. Una tranquilidad que se ha ganado y por caprichos del destino, ahora también le quieren quitar. Y es que, resulta que no es fácil para un emigrante sentirse cómodo en su país, porque el Estado le trata como a un estafador cualquiera. Un vulgar defraudador.

Lógicamente hablo de los emigrantes del siglo pasado. Los que hoy viven, consumen e invierten las pensiones ganadas con tanto esfuerzo en el extranjero en nuestro país. Los que ayudan a que sus hijos y nietos, acorralados por el desempleo, salgan adelante. Esos que han ayudado con las divisas que mandaban desde el extranjero a levantar el país que hoy conocemos.

Desde que comencé a colaborar con la Asociación Jiennense de Emigrantes Retornados (AJIER), conocí a muchas de estas personas. Gente, que una vez pasados tantos momentos difíciles, merecían la tranquilidad que les llegó con la jubilación. La merecían y este Gobierno amenaza con quitársela.

En AJIER, hemos trabajado día a día para que este colectivo sea dignificado como se merece, por ejemplo reclamando que denominen calles de nuestros pueblos en su nombre, hemos facilitado la integración de los emigrantes tras la nueva emigración que supone retornar al país de origen después de tantos años. Hemos peleado que cada euro que le pertenezca a un emigrante le sea entregado. Ahora debemos transmitir a la sociedad la tremenda injusticia que el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, está planeando contra ellos.

El mismo ministro que no hace mucho, proclamaba una amnistía fiscal para los verdaderos defraudadores, tiene intención de reclamar a los emigrantes la declaración de ingresos del extranjero, desde 2008 (último ejercicio no prescrito) con sus correspondiente penalización por hacerlo fuera de plazo, y una sustancial multa, cual delincuente común, que en el caso de emigrantes fallecidos heredan sus familiares. Lo hace, aún sabiendo, que desde la propia administración tributaria, se les decía que estaban exentos de declarar las pensiones procedentes del extranjero. Lo hace porque ha visto un filón recaudatorio en estas personas, con medidas tan injustas, como la obligatoriedad de declarar las pensiones superiores a 11.000 € en los casos de dos pagadores (algo normal en este colectivo que suele cobrar una pequeña pensión del país al que emigró por las cotizaciones que realizó mientras trabajó allí y otra pequeña pensión por las cotizaciones realizadas en España) mientras en los casos de un solo pagador, la obligatoriedad se establece a los 18.000 €.

Los emigrantes, en su mayor parte, son personas que vienen de países donde la picaresca española no se aplica. Son personas preocupadas por sus obligaciones tributarias, que por simple ignorancia y confianza en sus asesores fiscales y en el propio personal de la administración, no han declarado algo que, es cierto, debían declarar. Este colectivo no se opone a declarar esas pensiones y en los casos que tengan que pagar, hacerlo. Lo que es intolerable, es que para los grandes defraudadores se promulguen leyes que les eximan de sus culpas, mientras que estas valientes personas, que durante tanto tiempo y desde tan lejos, ayudaron y ayudan con las divisas que les llegan y el apoyo que prestan a sus familias, a sostener la difícil situación de este país, sean tratadas como delincuentes financieros, haciéndoles pagar recargos y multas de algo que ni conocían, y a pesar de preocuparse por ello, nadie les informó.

En AJIER, nos llegan casos tan disparatados, como personas que cobran menos de cien euros mensuales, que con este decreto adeudan a la Agencia Tributaria miles de euros. Dinero que no tienen, por lo que sus bienes podrían ser embargados, o con el que contribuyen a sostener la economía de sus familias.

Las diversas manifestaciones, los manifiestos y los diversos comunicados que la Federación de Asociaciones de Emigrantes Retornados Española ha enviado al Gobierno y al resto de partidos políticos, no han servido de nada, y a nosotros, desde nuestra asociación solo nos queda levantar la voz y exigir que estas personas no sean sancionadas  por este motivo, más si cabe conociendo la forma con la que se ha actuado con los verdaderos defraudadores. Porque los emigrantes retornados no son estafadores, solo son valientes.



Desde las Llanuras… Aeropuertos, tranvías y bulevares

Emilio Almodóvar | De Burgos, recuerdo la impresionante portada de su catedral y la cara de asombro del camarero, al pedir que me sirviera un café solo con hielo, en una fría mañana de invierno (que por esas tierras son palabras mayores) cierto día que iba de paso hacía San Sebastián.

Ahora también conozco, que existe un barrio obrero llamado Gamonal. Un barrio como el suyo o el mío, de gente normal, que sufre las consecuencias de las múltiples crisis que azotan nuestro país. Pero como en su barrio o como en el mío, esa gente lucha por seguir adelante, resignada ante lo que no pueden controlar buscando soluciones a todos los problemas que dificultan su día a día. He leído incluso, que es costumbre en el barrio dejar los coches en doble fila sin el freno de mano puesto, para en caso de molestar la salida de uno de los escasos aparcamientos, de otro conductor, este pueda desplazar el coche con un simple empujón. Un barrio como digo, no muy diferente a cualquier otro. Un barrio de gente que a pesar de la que está cayendo ha demostrado, como en la mayor parte de este país, unas dosis de civismo propias de una sociedad de la que se puede presumir, aunque los últimos sucesos nos puedan crear dudas sobre ello.

Evidentemente, no soy la persona más indicada para opinar si en la calle Vitoria de Burgos, es necesario un bulevar o no. Pero el estallido social de los vecinos a los que si les va a afectar en su vida diaria, me invita a reflexionar sobre lo que se esconde tras las protestas y los disturbios con el fin de evitar esas obras.

En las últimas manifestaciones de Burgos, con disturbios y actos vandálicos incluidos, creo que no se dirime el arreglo de una calle. Para mí representan la tensión acumulada a lo largo de tantos años de crisis política, económica o social, por personas normales que viven en barrios normales. Representan el hartazgo de la sociedad, cansada de ver a sus políticos realizar obras monumentales, con el ruin pretexto de dar trabajo, por el simple hecho de contentar a ciertos acreedores con los que están en deuda. Se puede hablar de aeropuertos, tranvías, construcciones sin utilidad aparente, planes E o bulevares. Esas manifestaciones espontáneas muestran como la gente de a pie ha entendido, que la economía de un país, no se puede sustentar en la construcción, mientras sus gobernantes siguen esclavos del cariño que reciben, a través de donaciones y esas cosas, de ciertas empresas constructoras que esperan recibir la misma dosis de cariño, a través de adjudicaciones fraudulentas, irregulares o de escasa necesidad.

Esas manifestaciones, han ido acompañadas de actos vandálicos, como la quema de cajeros y la rotura de cristales de entidades bancarias. Alguien duda, que esa reacción visceral que hay que denunciar lógicamente, no se corresponde al sentimiento general, de que son las entidades financieras las facilitadoras de esa connivencia empresario-político. Alguien duda, de la escasa ética del, rescatado por todos nosotros, sector financiero, que en muchos casos ha rozado la ilegalidad. Podemos hablar de preferentes, clausulas suelo o desahucios para cerrar viviendas por el mero hecho de la especulación. Pero es evidente, que esos ataques se corresponden a la ira almacenada de tanta gente, que ven sueldos millonarios a los directivos que han provocado sus precarias situaciones.

Nosotros, los que vivimos en el mundo real y administramos nuestros escasos recursos, tenemos un límite. No es comprensible que un ayuntamiento como el de Burgos, con una deuda de 450 millones de euros y un polígono embargado, se vaya a gastar una ingente cantidad de dinero, para favorecer a la empresa que además de construir el bulevar, va a vender las plazas de garaje a los vecinos.

La gente del barrio de Gamonal, está harta de que los políticos dificulten su presente, mientras hipotecan su futuro. La sociedad necesita ser más exigente con sus gobernantes, más exigentes con su democracia. Necesita hacer valer ese derecho fundamental, de que la soberanía reside en el pueblo, y para ello es necesario implicarse en los asuntos públicos y demostrar que un voto no es un cheque en blanco. Demostrar que una sociedad cívica y madura como la española, puede y debe participar en las decisiones que les afecten. Puede y debe exigir a sus gobernantes más transparencia, más honradez, más ejemplaridad…..más y mejor democracia.

Desde aquél 15M, lentamente algo está cambiando y en ese despertar de una sociedad exigente, yo quiero estar, independientemente si es necesario un bulevar en Burgos o un tranvía en Jaén.



Desde las Llanuras… Nuestro ADN

Emilio Almodóvar | Un joven de color, esperaba hace unos días su turno. Paciente, mientras tiritaba de frío. Sus dientes castañeaban al son de una triste melodía. Acababa de llegar a la ciudad, con la esperanza de encontrar trabajo en la recolección de aceituna, pero debido al frío, con el que se quiere despedir noviembre, nada ambicionaba más en aquel momento, que algo de abrigo. Ocurrió en una parroquia marteña mientras el personal voluntario de Cáritas repartía los vales mensuales de comida, y a pesar de no contar en aquellos momentos con lo que aquél inmigrante necesitaba, esas personas que acudían para ser ayudadas, se movilizaron y quince minutos más tarde, el joven de color tenía un abrigo cubriendo su cuerpo y un reconfortante caldo de pollo en sus manos.

Pensé en la fortuna de formar parte de una sociedad donde, en la perenne crisis económica y momentos de dificultad extrema para mucha gente, la familia, los vecinos y una solidaridad que nunca se perdió ha tomado las riendas de esa dramática situación que los poderes públicos no pueden o no quieren solucionar. Vivimos en un país solidario donde abundan tantos ejemplos y datos que lo corroboran, que no podemos hacer otra cosa, más que enorgullecernos, felicitarnos como sociedad y dar las gracias, a tantas y tantas personas anónimas que ayudan de una forma u otra a que esta realidad se materialice en la sonrisa de un niño o la tranquilidad y esperanza de sus padres.

A pesar de que uno de cada tres habitantes se encuentra en pobreza severa o riesgo de exclusión social, España ocupa el primer puesto del ranking mundial en ayudas de entidades privadas que se han enviado a Filipinas, por la reciente catástrofe que ha ocasionado el tifón Haiyan en ese país, además de las públicas y todo el capital humano que se ha desplazado hasta allí. Solo es un ejemplo y eso es digno de elogiar a nuestra sociedad y particularmente agradecer efusivamente a esas personas que lo han hecho posible.

Pero hablando más de solidaridad de andar por casa, no podemos olvidar a esas grandes empresas españolas, tantas veces maltratadas por eso de la generalización, que colaboran habitualmente con el banco de alimentos o que a través de sus fundaciones participan en acciones sociales que facilitan la vida a esos colectivos que por su edad o condición social más lo necesitan. Lástima que aquella utopía financiera española de las Cajas de Ahorro, haya acabado tan mal, por culpa de esos políticos que las han dirigido de forma aberrante. Pero al margen de ese fracaso, acciones como la donación de Inditex hace unos meses, de 20 millones de euros a Cáritas son ejemplos del ADN solidario de nuestros buenos empresarios. Que los hay, aunque la demagogia tan típica también en España, nos diga que lo hacen para desgravar o para limpiar su imagen por las condiciones de trabajo que sufren sus empleados en otros países, que dicho sea de paso, solo es problema de los legisladores que consienten eso. Lo que importa es el gesto, en este caso de la empresa de Amancio Ortega, que con su donación ha permitido a Cáritas llegar a más personas necesitadas y de una forma más variada. Y parte de esa donación también ha llegado a Martos. Me consta. Por eso, es necesario agradecer a todas esas empresas, que además de tener como objetivo ganar dinero, intenten contribuir y cooperar en las necesidades de la sociedad.

Un dato curioso. En los primeros diez puestos de la lista de las personas más ricas del mundo, se encuentran Bill Gates y Amancio Ortega. Mientras que el americano dona para la investigación y fabricación de preservativos de fibra de grafeno (seguro con intenciones comerciales), el español realiza la mayor donación jamás realizada a Cáritas. Cuestión de prioridades. Muchas gracias Don Amancio.

Pero el motivo de estas líneas no era dirigirme a las grandes y solidarias empresas españolas. Tampoco a los grandes gestos de solidaridad que ha mostrado España como país en catástrofes tan alejadas de nuestras fronteras, enviando recursos y personal, a través de ONG’s a las que debemos un profundo respeto y agradecimiento. Los verdaderos protagonistas de este texto, tienen nombre y apellidos, igual que las personas que ayudaron en ese mismo momento, al joven de color, ofreciendo de lo poco que podían, algo que para ese hombre era vital. Tal vez se llamen Juan, Miguel Ángel, María Jesús o Encarna, da igual, pero son esas personas a las que quiero agradecer, que en estos momentos tan duros, donen parte de sus menguadas pensiones, parte de su salario mínimo, un poco de la bolsa de la compra, un juguete, parte de su impagable tiempo, su esfuerzo tras un día agotador, su ilusión por vivir a pesar de los problemas, aquello que no utilizan y otra persona puede necesitar. Son esas personas, que de manera individual, o de forma organizada, a través de asociaciones de cualquier tipo, Iglesias de cualquier credo y ONG’s grandes como Cruz Roja u otras más modestas, hacen posible que en este país, la pobreza, la incertidumbre y el sufrimiento de tanta gente, sean menos dolorosos. Esos anónimos, con sus nombres y apellidos son los verdaderos protagonistas y héroes del mundo en el que nos ha tocado vivir.

De verdad pienso que gracias a todas esas personas, la paz social en este país aún se puede prolongar, porque con los datos que conocemos de desempleo, salarios, recortes…etc., alguna explicación debe haber para que España siga siendo un lugar tranquilo, donde a pesar de la desesperación que se manifiesta todos los días en demasiados casos particulares, la situación general es de una tensa calma, a la que estos héroes y heroínas contribuyen de manera muy directa, gracias a esas necesidades básicas que ayudan a cubrir.

Mientras nuestros políticos nos dan ejemplos, como rescatar bancos, repartir sobres con dinero negro, y forrarse con procedimientos de dudosa legalidad y escasa ética. Mientras nuestros políticos, nos dan ejemplos tan bochornosos, como atracar supermercados y ocupar propiedades privadas apelando a un supuesto derecho no escrito. Mientras nuestros políticos nos dan esos ejemplos y más que me dejo en el tintero, nuestra sociedad se organiza, se ayuda y se rescata a sí misma.

Gracias



Desde las Llanuras… Corruptos con D.O.

Emilio Almodóvar | La transición fue un paso definitivo hacía la reconciliación de las llamadas dos Españas y un avance más hacía la normalización política y democrática, que siguiendo las corrientes europeas un día conseguimos y siguiendo las corrientes europeas un día nos arrebataron los totalitarismos. Aunque como se suele decir, Spain is different, y aquí quedamos anclados en la infamia durante algunas décadas más que las estrictamente necesarias. Ese atraso, puede ser el responsable de que diéramos por buena esa transición política y toda la legislación posterior que estructuró nuestra Constitución, aun cuando tres décadas después se ha demostrado a todas luces que nuestra democracia no es más que un sistema diseñado por y para una casta corrupta, que no entiende de colores políticos, de militancia o de sociedad civil. Una casta con nombres y apellidos que utiliza a los partidos políticos solo como trampolín para seguir medrando en lo público. Convencido estoy, de no solo por dinero- como ha apuntado hasta la saciedad el Presidente Rajoy- sino por intereses mundanos, como la posibilidad de viajar por el mundo en business y régimen de T.I. o perpetuar sus holgadas finanzas con pensiones vitalicias y otros más místicos, como transcender a la anhelada popularidad y a la inevitable muerte, apareciendo en algún libro de historia, alguna calle en su pueblo o ser el protagonista de cualquier reportaje mediático que forme parte de la hemeroteca, por los siglos de los siglos.

La reciente publicación del libro “Mamá, quiero ser político”, de los periodistas Sandra Mir y Gabriel Cruz, pone de nuevo contra las cuerdas, la calidad de la democracia en este país y las particularidades propias de nuestros diputados y senadores. Una casta donde más del 90% de estos profesionales de la política nunca han trabajado en la empresa privada, aunque luego se atrevan a legislar en materia laboral. Una casta de profesionales de la política que acumulan cargos y sueldos, incitando al resto de los mortales a pensar si sus días tendrán más de 24 horas, para cumplir, con las responsabilidades por las que se les paga, de forma satisfactoria. Una casta que en demasiados casos, no han terminado ni el primer año de carrera o no se les conoce actividad laboral alguna – Elena Valenciano, José Blanco, Leire Pajin o Bibiana Aído el, PSOE es una referencia en este ámbito-. Esa casta de profesionales de la política, que se rodea de asesores, amiguetes o acreedores varios a centenares y que saben muy bien que, la mejor carrera para que sus hijos puedan llegar a las más altas esferas políticas es apuntarles al partido en la pre adolescencia. Véase el caso de la familia Fabra y sus 140 años de gobierno en Castellón.

Pero como nos diría benjamina de la familia desde su “trabajado” escaño- ¡Qué se jodan! Tenemos una ley electoral con listas cerradas para eso. Nuestra ley electoral, donde se pierden miles y miles de votos que no nos interesan, está así diseñada por algo- Y un estruendo en manera de aplausos y júbilo barriobajero, estallaría desde la bancada popular del Congreso de los Diputados, que haciendo uso de su mayoría absoluta, haría pensar al incauto que esa es la voz de la mayoría del pueblo, en boca de sus representantes.

Esa casta de profesionales de la política, son los que manchan el noble servicio que tantas y tantas personas realizan de forma desinteresada como auténticos servidores públicos, ya sea desde una estructura política, una plataforma ciudadana, una asociación o cualquier otra forma de unión, que busque el debate, el consenso y las acciones que favorezcan a la sociedad en su conjunto o a algún grupo en concreto.

Son esas personas, con una perspectiva tan irreal de la sociedad a la que deben servir, las que se han ganado a pulso, legislatura a legislatura, cargo a cargo, puesto a puesto y siempre con las mismas estrategias, sin una mísera dimisión, y un quítate tú que me toca a mí, que uno de los tres mayores problemas que más preocupan a los españoles, sean sus políticos. Ellos son los corruptos, aunque un juez diga que no hay prueba del delito. Son los culpables, no solo por haber robado quién lo haya hecho, sino por violentar nuestra democracia, copando y politizando los medios de comunicación, los Tribunales de Cuentas, las Cajas de Ahorros y hasta la justicia para asegurarse sus intereses personales.

Ellos son los corruptos y corruptores de nuestra democracia. Podemos hablar del IVA, del copago o repago sanitario, de lo que queda del concepto educación gratuita que establece la constitución o del atraco a mano armada a quien aún podía respirar un poco, trabajadores ochocientos euristas, y pensionistas. Corruptos con denominación de origen y desvergonzados que ahora intentan criminalizar a la sociedad, llamando defraudadores hasta a los desempleados con sanciones leves o irregularidades administrativas. Los que tratan a los emigrantes retornados como estafadores, por no haber incluido las rentas percibidas del extranjero en sus declaraciones, cuando se les decía desde la misma agencia tributaria que no era necesario y ahora les piden que paguen cantidades desorbitadas en concepto de atrasos, intereses y multas.

Como emigrante que lo soy y convencido estoy que lo volveré a ser, voluntario y amigo de la Asociación Jiennense de Emigrantes Retornados, puedo contar a decenas los casos que esta medida puede suponer una ruina familiar- a unas personas que en demasiadas ocasiones son el sustento de sus hijos y nietos desempleados y que no se niegan a pagar “si es de ley hacerlo”- pero que solo piden un poco de flexibilidad ante las importantes cuantías que se les reclama después de tantos años, y un poco de comprensión y humanidad, para no pagar además intereses y multas, de algo que ignoraban ellos, con la escasa formación que pueden tener, e ignoraban quien les gestionaba y asesoraba sobre sus haciendas.

Lástima que el Sr. Cristóbal Montoro, ha olvidado que su Jaén natal, es una tierra de emigrantes, donde esta medida va a suponer un importante quebranto para miles de familias humildes que solo han cometido el error de ignorar algo y fiarse de lo que la gente con estudios les decía. Nuestro paisano y Ministro de Hacienda, tal vez lleva demasiados años viviendo de la política, y ya ha olvidado sus humildes orígenes y el esfuerzo que sus padres tuvieron que hacer emigrando para buscar una vida mejor. Tal vez el Sr. Montoro se ha unido a esa casta de profesionales de la política que han creado un Estado Recaudatorio más propio de los Reinos beligerantes medievales, con el agravante de haber entregado a los bancos que no hacen fluir el crédito en las empresas, más de cien mil millones de euros.
Tal vez me equivoque pero ya está bien, de que los corruptos y corruptores de este país con sus nombres y apellidos, nos sigan tratando como delincuentes y estúpidos, sin actitudes ejemplarizantes en este país, que bien podríamos declarar, en Estado de Recaudación.



Desde las Llanuras… Nosotros los farsantes

Emilio Almodóvar | Cada mañana, salgo de casa vistiendo una sonrisa. Los llantos se quedan de puertas para adentro. Es un hábito saludable, que tomé tras una lectura, de esas que te marcan. Que te sirven para ser más feliz. El libro se llama “Un mundo sin quejas” de Will Bowen y su lección es clara.

Ante la adversidad, levanta la cabeza, aprieta los dientes y continua hacía delante, sin perder el tiempo en quejas y lamentos que nada puedan solucionar. Quejarse es solo algo obligado, cuando sirve para cambiar el rumbo de las cosas. Y ahora, siento que ha llegado ese momento.

Como miembro de familia numerosa, donde ambos cónyuges son desempleados y uno de ellos sin prestación alguna, comprenderán que llevo años buscando estabilidad. Una situación que no llega y me obliga a estar constantemente buscando oportunidades donde sea y como sea. Además he vuelto a estudiar, hago cursos. Colaboro en asociaciones y mis aficiones se han ido ajustando al presupuesto familiar. La misma historia de millones de españoles, que nos sentimos parte de la sociedad. En esta actividad frenética, que me hace sentir vivo ante tanta precariedad económica; donde siempre prima la búsqueda de empleo, se me ocurre hasta presentar solicitudes a convocatorias públicas, confiando en la limpieza de todo proceso administrativo y con la convicción de que si cumplo los requisitos me aceptarán y si no los cumplo, mi solicitud será desestimada. O eso creía.

A continuación, y con mucho ánimo de crear polémica o por lo menos molestar, paso a relatar el proceso de selección de las personas que se van a beneficiar de la convocatoria de empleo, que el Ayuntamiento de Martos, en connivencia con los Servicios Sociales municipales, ha gestionado recientemente, dentro del Decreto-Ley 7/2013 promovido por la Junta de Andalucía.

Todo comenzó, una vez entregada la solicitud, con una llamada telefónica en la que una Trabajadora Social, me comunicaba su intención de visitarme el mismo día en mi domicilio particular, para valorar un informe de exclusión social. Con cara de póquer acepté la visita, sin comprender muy bien donde estaba la duda. Me sentía y me siento parte de la sociedad. Ya lo he dicho, aún me siento vivo. En esta entrevista, la funcionaria me confirmó lo evidente. Aunque los ingresos de la unidad familiar eran mínimos, la ayuda constante de nuestros padres, nuestro piso normal donde vive una familia normal y nuestra actitud constante de movernos de no estarnos quietos, eran síntomas claros de que mi familia no se encontraba en riesgo de exclusión social. ¡Qué alivio! Charlando con nuestra invitada, nos confesó que la Junta de Andalucía, había impuesto unas condiciones muy duras para ser considerado a tal efecto. (Condiciones que dicho sea de paso están vetadas al público al no aparecer Ley o Reglamento alguno que las indique, por lo que me lleva a pensar que es un juicio personal de los Servicios Sociales de cada municipio). Por ejemplo casos de familias desestructuradas, situaciones de hacinamiento en la vivienda, marginalidad y ese tipo de cosas. Entendí perfectamente el objetivo del plan, y me alegre por aquellas personas que en situaciones de dificultad extrema (más allá de las económicas) pudieran aprovecharse de hasta tres meses de alivio.

Como era de esperar, no me aceptaron. Reclamé… si, reclamé y volvieron a desestimar mi solicitud, por no contar con el dichoso informe de los Servicios Sociales.

Lo bueno y lo malo de los pueblos, es que casi todos nos conocemos.

Reclamé, porque en esa lista de admitidos, donde seguro hay personas en riesgo de exclusión social, entendido como a mí me lo explicaron; muchos, no todos recalco, son vecinos que también forma parte de la sociedad, del colectivo, que posiblemente estén pasando malos momentos económicos, igual que quien les escribe, pero en ningún caso peores. Lo aseguro. Son personas que tienden a pensar que sus problemas son más importantes que los del resto del mundo y colapsan con sus peticiones a políticos y trabajadores públicos día tras día, amparándose en el derecho a ser escuchados. Derecho del que abusan perjudicando con ello los procesos públicos, abiertos para el colectivo y que deberían de mantener la equidad e independencia sean conocidos o no por quienes tienen que tomar la decisión. Estoy seguro, que luego algunos se auto proclamaran socialistas, con este tipo de actitudes liberales. Incongruencias del pensamiento. Aún así, ese individualismo extremo de esa parte de la sociedad, que piensa que el Ayuntamiento es una casa de empleo y tiene la obligación de proporcionarles trabajo, por el simple hecho de que lo están pasando mal, no sería ilegal si desde nuestro ayuntamiento y los Servicios Sociales municipales se limitarán a cumplir la ley. Pero no lo han hecho, por lo que el proceso es ilegal.

Reclamé, porque cuando acudí a pedir explicaciones a Servicios Sociales, intentaron convencerme de que ellos no eran detectives que bucearan por las economías sumergidas de las gentes. Bendita economía sumergida, aquella que sirve para sacar adelante una familia. Como si, con la documentación que requería la solicitud no fuera suficiente para ver que en esa lista hay personas donde ambos cónyuges cobran un subsidio de desempleo y no tienen la condición de familia numerosa. Hay personas que no tienen hipotecas, bien por residir en viviendas heredadas o que con mucho esfuerzo a lo largo de sus vidas, estoy seguro, ya las han pagado. Hay personas con todos sus hijos emancipados y trabajando. Personas que han estado trabajando en situación legal, antes y después del proceso. Existen casos, hasta de gente admitida, que una vez presentada la solicitud se ha marchado a trabajar al extranjero y siguen allí. Me pregunto ¿Dónde están los informes de exclusión social de esas personas? No es necesario ser detective para comprobar estas situaciones, simplemente ojear los documentos aportados o realizar la misma visita de cortesía a todos los solicitantes. Pero no han hecho nada de esto, por lo que es un fraude al conjunto de la sociedad.

Reclamé porque el Ayuntamiento de Martos escurre el bulto al informe de Servicios Sociales, y estos a su vez a que la documentación que tenían que aportar los solicitantes no pasaba por sus manos. ¡Qué coordinación es esa!
La respuesta para mí, está clara. Varios admitidos ya me han confesado que ha ellos no les ha visitado nadie, y en otros casos es imposible pues no se encontraban en España durante el proceso, incumpliendo así el artículo 8 del Decreto-Ley donde se habla de los requisitos de las personas solicitantes y en su apartado C, se puede leer “Que la persona solicitante forme parte de una unidad familiar en situación de exclusión social o en riesgo de estarlo, acreditada mediante Informe Social de los Servicios Sociales Comunitarios.”. (Decreto-Ley 7/2013 de 30 de abril).

En las calles se escuchan las mismas quejas que aquí presento. Por lo que todo este proceso, me suena que ha sido una pantomima para agradar a conocidos y desconocidos molestos, dándoles quince míseros días de trabajo y cerrar la boca de actitudes victimistas. Por lo que, como en mi caso, estoy convencido que ha quedado mucha gente fuera, con peores o al menos las mismas situaciones, simplemente por el hecho de no molestar, de no llorar, de no quejarse por una situación de índole personal. Se han quedado fuera por luchar al margen de la pena y enfrentarse a los problemas de cara. Todo esto no tendría sentido denunciarlo, (pues cada cual es libre de vivir su desesperación como quiera, hablar con quien quiera y tomarse sus problemas con la aptitud personal que quiera), si tanto Ayuntamiento de Martos, como Servicios Sociales no lo hubieran consentido. Pero han sido cómplices y máximos responsables de esta farsa.

Termino con una reflexión personal, respecto a nuestra sociedad, en la que por los motivos antes esgrimidos me incluyo. Si nosotros los farsantes, prostituimos con nuestro individualismo, los procesos administrativos colectivos, de tal forma que “obligamos” a nuestros representantes públicos a actuar de forma injusta e ilegal, que derecho tenemos luego a quejarnos y a denostar a la clase política, cuando son ellos, como estamos viendo día sí, día también,  los que se saltan los procesos y adjudicaciones en su beneficio particular. Qué ejemplo estamos dando como sociedad, que pretende estar muy por encima de sus gobernantes.

P.D.  Mi intención no es otra, que la de denunciar una situación, que si bien existen voces que desde hace tiempo indican estas actuaciones en muchos ayuntamientos, a título personal me ha tocado vivir y experimentar en esta ocasión. Me gustaría aclarar que no pertenezco a ningún partido político, y que si hasta la fecha, he sido un mero observador, preocupado por la política, crítico y espero que constructivo, esta situación me ha llevado a replantearme seriamente mi participación en ella.

Como siempre en los momentos difíciles, cuando más ganas tienes de abandonar, la pulsera oficial del libro referido al inicio, acompañará mis días.



Desde las Llanuras… Nuestra imagen digital

Todos, independientemente del tiempo que dedique a su “envoltorio”, nos preocupamos por la imagen que va a proyectar al exterior. Se trata de una serie de normas no escritas, que favorecen nuestra convivencia, nos hacen sentir seguros de nosotros mismos o simplemente son el decoro que nos impone la necesidad  de vivir en sociedad. Porque nuestra imagen personal, no es solo la envoltura, sino también la forma de expresarnos o de relacionarnos  con los demás. Estas reglas tácitas, nos indican, entre otras cosas, que no es lo mismo hablar con nuestra familia y amigos, que hacerlo ante personas con las que mantenemos una relación más distante o profesional. La sinceridad, en este último caso, el decir lo que pensamos sin tapujos, ante personas que no forman parte de nuestro círculo más íntimo, siempre deja paso al respeto debido para mantener la concordia. No se trata de ir haciendo amigos por la vida, simplemente de mantener una imagen respetuosa con los demás, para ser tratados de igual forma. Las afirmaciones más severas, nuestros odios internos o nuestros pensamientos más mezquinos, (que digan lo que digan todos tenemos y como es normal son erróneos y reprochables) se suelen dejar para ambientes más distendidos, donde equivocarse no va más allá de un rato de risas o una discusión sin mayores consecuencias.

Equivocarse. Algo tan humano y normal en ambientes distendidos, por la propia relajación a la que sometemos a nuestra imagen personal, y frecuente también, en otros ambientes, debido a las tensiones de un momento, a una traición del subconsciente o a cualquier otra circunstancia que no podemos controlar. Es la esencia del ser humano. Todos entendemos que alguien, por mucho que cuide la imagen que quiere proyectar hacía los demás, en un momento determinado se relaje, como si estuviera en familia, salte con un improperio, un desplante, una falta de respeto o sencillamente le pierdan las formas. No somos máquinas perfectas. Todo se olvida, las palabras se las lleva el viento y siempre nos quedará un PERDÓN.

Pero todo aquello que es válido para justificar, el fallo en los engranajes de nuestra imagen personal, nunca es válido para nuestra imagen digital.

Las nuevas tecnologías, brindan al ser humano la oportunidad de proyectarse al mundo, como nunca antes había imaginado, a través de las redes sociales. Es nuestra decisión, participar de ese avance o no. Pero si decidimos participar de ese progreso mayúsculo, que lo es, aunque también es cierto que el acceso a tanta información puede ser perjudicial para las mentes más cómodas, es necesario aceptar las condiciones. Y una condición intrínseca que va asociada al uso de las redes sociales, es que vamos a crear una imagen digital. Aunque no nos guste.

Según un artículo que leí en un blog especializado, se avisaba hará una semana, de que los españoles, somos los usuarios de las redes sociales, que más infravaloran los contenidos que manejan en sus redes. Basándose en un estudio elaborado por la Universidad de Stanford, se apuntaba que subestimamos la audiencia real de nuestros comentarios, post o imágenes en un 35%. Como causa más probable, se indicaba que seguimos tratando las redes sociales como una red de “amigos”. El problema es que una vez que descontamos aquellas personas de nuestra red, con los que tenemos contacto diario, nos queda una vasta red de conocidos, “amigos virtuales”, compañeros, ex compañeros, amigos de amigos, seguidores de seguidores, y un sinfín de personas que diariamente ven como nos mostramos, a través de nuestra imagen virtual. Como es lógico, esto que puede suponer una herramienta fundamental para todo ser humano, que quiera aprender, informarse, proyectarse como profesional o simplemente como persona, se puede convertir en algo contraproducente si no se cuida, además de forma exquisita. Porque si antes hablaba, de que nuestra imagen personal es susceptible a relajarse y todo el mundo lo puede entender, en nuestra imagen digital no cabe esa posibilidad, ya que nadie está obligado a reaccionar ante las circunstancias del momento, como en la vida real, y nadie está obligado a  escribir un artículo, un comentario en facebook o mandar un tuit, si las condiciones y el entorno no le son favorables para hacerlo, por lo menos con cortesía y respeto. Además en la red, las palabras no se las lleva el viento.

Entre las características de los usuarios españoles de estas plataformas, el estudio destaca las imágenes inapropiadas, la forma de expresarse y las faltas ortográficas, además de lo poco profesionales que son nuestros perfiles. Los investigadores indican, y con razón, que ante una selección de candidatos para un empleo, al seleccionador le basta con buscar la imagen proyectada por los candidatos en las redes sociales, para hacerse una idea más clara, de cuál será su elegido. Aunque esto también es válido para cualquier ámbito. Trabajadores freelance que necesiten que les aprueben proyectos, empresarios, personas con inquietudes artísticas, inquietos intelectuales que busquen el aprendizaje a través de lo que se comparte en las redes sociales…etc. De una forma u otra, la imagen digital que proyectamos a través de las redes sociales, nos puede afectar en la vida de manera negativa. Y de eso saben mucho aquellas personas que ya lo han sufrido en sus carnes.

A la amplia lista de políticos que cuidan sus perfiles, sus comentarios o sus blogs personales, hay que añadir aquellos que continuamente están metiendo la pata por su visión tan pobre de estas plataformas. Toni Cantó, diputado de UpyD, es tal vez el máximo exponente. Su afán de protagonismo, lo coloca habitualmente en el blanco de todas las críticas, en muchos casos merecidas. Pero no es el único. González Pons es otro asiduo de los disparates tuiteros y quién sabe si esa no es la causa por la que no se le diera un ministerio, cuando el PP consiguió la victoria electoral. Socialistas que más bien parecen hooligans, como una tal Martu Garrote, también existen. Esto no es un problema de partidos, es un problema de imagen digital, y en todo caso personal, pero que hacen un flaco favor a su formación cuando utilizan las redes sociales para que sus “amigos” les rían las gracias. Son personas que no profesionalizan sus perfiles. Los mantienen solo y exclusivamente para sus acólitos, cuando desde mi humilde percepción un político debe dedicarse a hacer política, es decir, a proponer, debatir y buscar soluciones para la mayoría, sean de los tuyos o no.

El ejemplo más ilustrativo de esto, tuvo lugar con la famosa expresión de “catalanes de mierda, no se merecen nada”, que el responsable de la Marca España, Juan Carlos Gafo, tuiteó cuando puñado de personas silbaron el himno, como si ese puñado fueran la voz de todos y cada uno de los catalanes del mundo. En su fuero interno, tal vez piense que los catalanes son una mierda e incluso soltarlo en una barbacoa con los amigos, pero en lo que respecta a las redes sociales, tiene dos opciones, o callar o hablar con respeto, al igual que lo haría en una reunión profesional. Sus palabras, no se las llevó el viento y lógicamente fue destituido.
Pero, aunque a los políticos siempre los tenemos más a mano, es cierto que la utilización como herramienta de juego, más que profesional, que hacemos de las redes sociales es algo generalizado. Y las consecuencias pueden ser muy graves.

El trágico accidente ferroviario, del pasado 24 de julio, en Santiago de Compostela, nos ha vuelto a dar una lección de hasta cuanto puede afectar nuestra imagen digital a nuestra vida. Mientras, que por norma general, los políticos estuvieron a la altura de las circunstancias, también en su imagen digital, el perfil de facebook del maquinista del tren se colapsó, al filtrase por twitter, una conversación, entre amigos, (siempre entre amigos) donde este señor se jactaba de la velocidad que alcanzaba con su tren. Como es lógico, esto no demuestra nada, pero la imagen que aporta de este señor es deplorable. Una vez más, la utilización de forma banal de una red social, hace que al maquinista, la sociedad ya lo haya juzgado, solo por comentar entre amigos, lo que nunca hubiera comentado en una reunión con los responsables de RENFE.

Está claro, que a través de las redes sociales somos espiados. Lo que no está tan claro, es si eso es bueno o malo. Todo depende del uso que les demos. Por mi parte, me pueden encontrar en facebook, google +, en @emilioalmodovar o en el blog www.desdelasllanuras.blogspot.com donde creo que cuidar mi propia imagen digital, es algo que estoy haciendo bien, no obstante pondré más celo a partir de ahora.
Prometido.

Emilio Almodóvar



Desde las Llanuras… El pan pan, y el vino vino

“Déjate de cumplimientos entre nosotros; ya sabes que yo soy franco y castellano viejo; el pan pan, y el vino vino”

Y con esta; solo una de las memorables frases, que nos dejó para la eternidad el insigne Fígaro en uno de los célebres artículos salidos de la pluma de Mariano José de Larra; deseo arrancar esta humilde reflexión, sin ganas de agradar a nadie: pues todos tenemos una opinión al respecto, pero con el firme propósito de llamar a cada cosa por su nombre y hacerlo en mi lengua vernácula; que no es diferente a la de la gran mayoría de ustedes; el castellano, en ningún caso el español, a pesar de que alguna Real Academia me diga que puedo usar ese término.

Lo haré en castellano, aún sabiendo que muchos de ustedes hablarán en andaluz, como es lógico. Pero lo haré con el total convencimiento, de que me entenderán. Estoy seguro que no les costará esfuerzo comprender mis palabras, no solo porque después de tantos años en Andalucía, mi castellano se haya visto alterado por las influencias de su bello dialecto, sino porque a pesar de las diferencias en la pronunciación y el significado distinto de algunas palabras, compartimos la misma lengua vernácula. Aquella que se codificó durante el reinado de Alfonso X el Sabio, agrupando las diferentes variedades dialectales existentes en sus dominios. De ahí nació el castellano, (el último de los idiomas nacidos en la Península Ibérica) que se fue extendiendo a la misma vez que se extendía Castilla.

El lenguaje, es posiblemente la mayor manifestación cultural de un pueblo. Algo que no entiende de fronteras, ni realidades geopolíticas. Por eso, curiosamente, ninguno de los idiomas oficiales de nuestro heterogéneo país, se habla solamente en España.

El gallego y sus distintos dialectos, se hablan no solo en Galicia, sino en la zona norte de Portugal y localidades extremeñas limítrofes con el país luso.
El vasco (preciosa historia la de este lenguaje, sin familia base conocida y siempre envuelto en un halo de misterio por unos orígenes que ningún experto ha podido establecer) junto con su multitud de dialectos, es hablado en el norte de España, más allá de esas fronteras impuestas por el hombre y que delimitan un territorio llamado País Vasco, y en el sur de Francia, donde goza de una especial protección y potentes políticas de fomento para su conocimiento.
El castellano y sus variantes, sabrán tan bien como yo que ocupa el 2º puesto como idioma más hablado en el mundo, abarcando cuatro continentes y a más de 500 millones de personas.
El catalán y sus dialectos, ocupa el 2º lugar por hablantes de las lenguas vernáculas, nacidas en ese territorio que hoy llamamos España, y su importancia es tal, que engloba a más de 12 millones de hablantes, no solo en Cataluña, sino en regiones como la Valenciana y las Islas Baleares, algunos puntos de la actual Italia e incluso es el idioma oficial de un país, que nada tuvo que ver nunca con Cataluña, como es Andorra.

Entonces entenderán ustedes, porque no me siento con ningún tipo de derecho para expresarme en español. Porque para mí, tan español es el castellano, como el catalán, el gallego o el vasco. Todas son lenguas nacidas en el territorio que hoy comprende este país diverso y por ello tan especial. Si un australiano o un estadounidense escribe en inglés; no en británico, porque tan británico es el inglés, como el galés, el irlandés o el escocés; yo lo haré en castellano.

La cultura y el lenguaje, como máximo exponente cultural de un pueblo, nunca han sido algo estático, sino que han ido evolucionando, enriqueciéndose con aportaciones foráneas y adaptando esas aportaciones a las formas de vida, de expresión de los pueblos. Sin fronteras. Ha sido y me gustaría que fuera siendo un elemento integrador. Algo que se manifiesta con orgullo, pero que está abierto a toda aportación. Algo que hay que proteger y preservar sin menospreciar. Vuelvo a repetir; sin fronteras, y mucho menos por razones políticas.
Desde hace tiempo me siento horrorizado, por esa lucha absurda, Cataluña-España, España-Cataluña que desde algunos partidos políticos o algunos políticos en concreto, plantean en nombre de los sentimientos de una sociedad. Como si la sociedad catalana o la sociedad española estuviera formada exclusivamente por sus acólitos. En un intento inútil de manipular el corazón del ser humano, empequeñecerlo o coartar la libertad individual de sentirse español, catalán, europeo, todo a la vez o nada en particular.

Cada vez es más frecuente ver, como desde la política se intenta nacionalizar los sentimientos a través de la cultura.
El llamado concierto per la libertat, del pasado sábado en el Camp Nou, es otra muestra más, donde una organización política apoyada por partidos de tintes soberanistas o nacionalistas, se creen dueños del sentir general por aglutinar a 90.000 personas en torno a unas viejas glorias del franquismo, que paradójicamente, casi todos han cantado siempre en castellano y algunos artistas catalanes e incluso madrileños fanáticos del protagonismo, que a golpe de talonario están a favor de lo que sea. Aunque sea una independencia por ley imposible y en pleno siglo XXI, en la era de la globalización, totalmente fuera de lugar.
La cultura catalana se manifiesta en Cataluña, al igual que en Andorra o que en L’Alguer municipio de la isla de Cerdeña. No es monopolio de la Cataluña actual o de los llamados Países Catalanes, con la Comunidad Valenciana o las Islas Baleares incluidas. Y esa, precisamente es su grandeza. Pero este ejemplo no es el único, y ni mucho menos el más estrafalario

Recientemente leía en una publicación especializada, como las Cortes de Aragón aprobaban con el único voto del partido gobernante, una ley que dicen desde el gobierno regional, servirá para promover y preservar las variedades lingüísticas de la región. Nada más lejos de la realidad. Se trata de un burdo intento, que ya huele a obsesión, de degradar lo catalán, desde las posturas más españolistas. Otra vez la dichosa guerra España-Cataluña. Les cuento.

A partir de ahora, el catalán que se habla desde siempre en Aragón; los dos dialectos; pasan a llamarse LAPAO (Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental) y LAPAPYP (Lengua Aragonesa Propia de las Áreas Pirenaica y Prepirenaica).

Menuda patochá, como diríamos en la Lengua Marteña Propia (LEMARPRO), cuando el andaluz se excluya del castellano, y el marteño del andaluz, para no ser menos. Aunque nosotros por lo menos podríamos decir, que hablamos el LEMARPRO, por mal que suene, porque respecto al LAPAO, ya existe un idioma en China con ese nombre, y el gobierno aragonés desaconseja el uso de esta abreviatura para evitar confusiones. Ver para creer.
Todo un despilfarro de idioteces, sin ningún tipo de demanda social (los estudiantes de estas zonas seguirán aprendiendo desde niños el catalán, en su variedad dialectal correspondiente) y lo que es peor, empobreciendo la cultura del lugar al considerarla un elemento aislante y echando más leña a un fuego, que solo beneficia a algunos políticos que se envuelven en banderas de colores para esconderse de sus mediocridades.

Me siento afortunado al poder expresarme en castellano, però també sento el català com una cosa propia. A beleza da lingua galega recórdame épocas máxicas, magikoa da, euskararen historia ezagutzeko gisa . Agur

Emilio Almodóvar



Desde las Llanuras… La era de las extravagancias

Mi nombre es Balder. Hijo de Pepe y Juana. Como habrán deducido mis apellidos bien podrían ser López y Martínez, pero eso no importa, porque mi nombre es Balder. Pertenezco a esa generación de privilegiados, que desde el momento de su nacimiento, ya empiezan a destacar. Mis amigos, apellidos aparte, se llaman Milan, Dayron, Homer y Vallecas y también han nacido para ser únicos en todo el perímetro que abarca nuestra cuadrilla. Nuestros padres, quisieron que desde el principio fuésemos genuinos, y buscaron esa originalidad desde la comodidad de elegir un nombre, a cual más estrambótico. Pertenecemos a una nueva especie. Por ahí nos llaman la generación ni-ni. Somos pocos, pero hacemos mucho ruido.

Balder, alguien me dijo alguna vez, que era un Dios nórdico. La verdad es que así me siento yo. Un Dios que vive en la originalidad gratuita, en la comodidad aprendida al mínimo exponente de esfuerzo, ensimismado, alienado y feliz con las ideas que recibo de la caja tonta.

En la época en la que afortunadamente, me ha tocado vivir, nos reímos mucho de los pardillos que no hace mucho, salían a tomar una copa, dos o tres como mucho, y tenían que hablar con las chicas o con los chicos para ligar. Tanto esfuerzo retórico, para intentar buscar el silencio, que separaba el éxito del fracaso. Una señal, un beso……vaya cursilada.

Ahora todo es más cómodo, claro está. Basta con beberse una botella de whisky barato en cualquier calle de la ciudad, e impresionar a la persona que pretendemos con nuestra ropa, comprada lo más lejos posible para evitar que nos copien, cabe recordar que desde que nacimos, aprendimos a ser exclusivos de la forma más sencilla, eso de personalizar el estilo ya no se lleva, y enseñar el interior de nuestro coche, eso sí lo personalizamos a golpe de talonario porque merece la pena. Es un punto a favor en el arte del coqueteo que si queremos perfeccionar, basta con volver a la caja tonta y ver un nuevo episodio de Mujeres y Hombres y Viceversa.

Como solemos decir, nuestro dinero es nuestro, y todo lo que ganamos en trabajos esporádicos o cualquier tipo de enredo, lo poco o lo mucho, lo gastamos en lo que queremos. No somos como esos pardillos, de hace diez años, que de su sueldo debían apartar un porcentaje para cubrir los gastos cotidianos del hogar familiar. Nuestros padres, que desde pequeños buscaron nuestro bien, nos han enseñado que todo nuestro dinero es para cubrir nuestros gustos, aficiones y caprichos. ¡Vaya personajes! Trabajar los fines de semana, para costear sus aficiones mientras estudiaban y una vez que empezaban a trabajar desprenderse de un 20 o un 30 por ciento para pagarles la luz y el agua a sus padres. ¡Vaya padres! Qué suerte he tenido en llamarme Balder.

Dicen las malas lenguas que no tenemos ideas. Como si no fuese una idea genial presentarse a Gran Hermano e intentar mostrarnos como somos, para que luego nos llamen a programas como Sálvame y recorrernos el país de bolo en bolo. Dinero fácil querido lector. Fama, aunque sea frágil, que luego Dios dirá y Dios, recuerdo, soy yo.
Si algo he aprendido con rigor de la caja tonta, es que quien más grita suele tener razón. El respeto a la palabra, a la opinión de los demás y el beneficio de la duda, son antediluvianos, ahora lo que está de moda es la verdad absoluta, más allá de argumentaciones y muy por encima de la entonación adecuada.

Que pardillos, los que buscan trabajo sin perder la ilusión. Los que estudian, si nadie les obliga. Los que crean, los que inventan, los que se esfuerzan en mejorar, en dar pequeños pasos. Nosotros, los de la generación ni-ni, que somos pocos pero sabemos mucho, tenemos la excusa perfecta para no hacer nada. La crisis. Todo se soluciona con esa palabra, y a seguir riéndonos de esos cretinos, que siguen pensando que nuestra cómoda, pero a veces desesperada situación, como cuando por ejemplo no podemos comprar el nuevo iphone por falta de efectivo, es culpa de nuestra inactividad. ¿Qué vamos a hacer con la que está cayendo? Anda que no lo dicen veces los telediarios.

Soy Balder. Hijo de Pepe y Juana. Sobre todo, amigo de Milan, Dayron, Homer y Vallecas. Tenemos como ídolos a las personas más extravagantes que aparecen por la caja tonta. No nos interesa la gente que ha conseguido grandes cosas desde la humildad, desde el esfuerzo y la perseverancia. Y como persona perspicaz, se habrá dado cuenta que soy fruto de la ficción.
El resultado de un momento de tensión de mi creador. Un momento donde ese pardillo, tiene que recorrer miles de kilómetros para trabajar y dejar momentáneamente de lado sus proyectos más íntimos y creativos, sus estudios, su esposa e hijos y encima hacerlo con una sonrisa de oreja a oreja, por la experiencia que va a vivir.

¡Que se joda! Toda la vida siendo un pardillo y desde los 18 años emancipado, no puede traer nada bueno. Yo prefiero la comodidad que me han inculcado y que he ido aprendiendo con el paso de los programas televisivos. Prefiero un padre que me ponga el pescado a otro que me enseñe a pescar por mí mismo. Que me incite a trabajar o por lo menos a buscar trabajo.
Que si no hay trabajo, me motive para estudiar. Que si estudiar no es suficiente me enseñe las puertas que se pueden abrir, o por lo menos llamar. Un padre que me encienda la chispa de la inquietud. Soy Balder, y tengo la suerte de vivir en la Era de las Extravagancias, donde reina la comodidad y la dependencia intelectual.

Emilio Almodóvar



Desde las Llanuras… A como sale el Apendicitis

¿Absurdo título verdad? Más si cabe, cuando estas líneas se escriben desde el país, que lleva muchos años siendo referente en sanidad de calidad y pública.

El otro día, leyendo una de las millones de cartas, que las compañías de seguros médicos americanas envían a sus clientes cada año, comunicándoles los cambios en sus pólizas, imaginaba como se deben de sentir, cada vez que vean, que les han suspendido la cobertura de quimioterapia, la de diálisis o las patologías del órgano reproductor (por poner un ejemplo). ¿Que pueden hacer?

Pierden su tiempo buscando otras ofertas en el mercado, se arriesgan a pasar un año sin esa cobertura o simplemente hacen cálculos para saber si llegado el caso se lo podrían permitir. Que paranormal es todo en el ombligo del mundo. Tan poderoso y desarrollado, como inmoral, hasta el punto de que cualquiera lleve una recortada bajo la gabardina, que un autónomo o empleado en una pequeña empresa no tengan derecho a constiparse, que puedan electrocutar a una persona en algunos Estados o dejar morir a 72 al año por no disponer de asistencia médica. Que quieren que les diga, a veces me siento orgulloso de la vieja Europa.

Estas cartas llegan cada día. Es algo habitual. Y pasa por la sencilla razón, del exceso de burocracia. Todo funciona con papeles, y como estos papeles tan técnicos el común de los mortales no los entendemos, firmamos tratamientos médicos que no nos han hecho, facturas abultadas, pruebas innecesarias y caras. Lógicamente el hospital saca beneficio y la aseguradora lo repercute al cliente. Un latrocinio en toda regla, para llenar los bolsillos de unos pocos.

Otro daño colateral de la civilización que se guía por teorías ideológicas. Teorías, como esa que algunos llamamos libre mercado, otros hemos acordado ponerle el mote de capitalismo salvaje y así a bote pronto, bien podríamos llamar desnaturalización evolutiva. Hemos evolucionado tanto, que nos privamos de lo que un día disfrutaron nuestros ancestros. El pensamiento interno y profundo, más allá de ideologías preconcebidas. Hemos pasado de luchar por la felicidad con esfuerzo y dedicación (aquella que cada ser humano anhele, da igual) a conformarnos con ráfagas de satisfacción, generalmente conseguidas a través del dinero. Nos compramos unos zapatos, el coche que nos gusta, el teléfono con el que fardar, y al poco tiempo, esa felicidad se pasa y necesitamos sustituirla. Eso es normal, el ser humano necesita de sueños para vivir. El problema es que cuando estos se consiguen gracias al dinero, normalmente duran poco. Escasean las personas que buscan sus sueños con esfuerzo, con dedicación, disciplina. Es más fácil soñar con algo que se puede comprar con dinero.

Después de leer la dichosa carta, continué con mi ronda de información, esta vez de actualidad. De nuevo la misma cantinela. La herencia del Gobierno anterior, (como si no supiéramos a estas alturas, que por norma general las herencias traen problemas), el déficit, chorizos con corbata, desempleo, un señor con gafas y barba al lado de Rajoy que dicen que es su doble, (todavía estoy aturdido de la impresión que causa ver como se pierde el tiempo periodístico en este tipo de cosas, como si no hubiera otras más importantes) y urgencias cerradas en Castilla- La Mancha, porque no son rentables. ¿¿Como?? Si ya empezamos a ponerle precio a la salud en España mal vamos.

Sigo con la actualidad. Uno que firma como duque em… Palma….do, columnistas de oro, más desempleo y el personal sanitario de Madrid, en pie de guerra para que no se privatice la sanidad. ¿¿Como?? No habíamos quedado que nuestro sistema de salud era envidiable. La OCDE lo califica, como uno de los sistemas sanitarios más económicos del mundo ”desarrollado”. Con un coste de 1.400 € al año por persona, un dato muy por debajo de la media de la Unión Europea, e infinitamente inferior a la de EEUU, no es lógico pensar que incluso está por debajo de nuestras posibilidades. Que incluso lo podemos mejorar, aunque en el camino haya que hacerlo más eficiente.

¿Que más da quien lo gestione, entonces? Si es un sistema asequible, público, universal y gratuito, para que dejarlo en manos de la codicia. No hemos aprendido que la avaricia de la gran empresa privada cuando se mete a negociar con lo esencial del ser humano, destroza el alma de las personas y causa dolor. Que me dicen del drama de los desahucios. O del silencioso drama de la alimentación. Ese que sucede en el contenedor de su calle, y que organizaciones como Cáritas y Cruz Roja con todo el esfuerzo humano posible ayudan a paliar en la medida de lo posible, mientras que los agricultores de España tiran a la basura sus cosechas porque el mercado lo monopolizan dos o tres empresas con las que no pueden negociar. Y ahora se nos ocurre también negociar con la salud, el único activo junto con la educación que nos queda como sociedad, alejado de la rapiña empresarial (la poca que hay sin escrúpulos, por favor que no se generalice porque necesitamos a los buenos empresarios).

Privatizar la sanidad, no es la solución, solo parte de un problema que se agravará cuando entren en juego intereses comerciales, y que en un escenario catastrofista puede derivar a una sanidad paralela a través de ONG’s, que con los medios de los que disponen, solo es posible compararla con las casas de beneficencia de la Edad Media, y además habrá que estarles agradecidos por su labor desinteresada pero flagrantemente insuficiente.

¿Por qué no nos hablan claro? Si la Seguridad Social está a punto del colapso, no es por el coste de sus servicios sanitarios, es porque no han conseguido incentivar el empleo. Es el fracaso más rotundo de la política en este país. Si la Seguridad Social está en situación deficitaria es porque tiene un problema que aún ningún partido político se ha atrevido a abordar. Haciendo un sencillo ejercicio de razonamiento, si cada vez vivimos más años y por lo tanto somos cada vez más pensionistas, tenemos menos hijos, y los inmigrantes que necesitamos (los que vienen a trabajar y a cotizar) se van porque no encuentran trabajo, es imposible mantener el nivel adquisitivo de las pensiones, tal y como las conocemos. Sin cortapisas, si hoy la pensión de jubilación en España, cubierta por el Estado, es mala e ineficaz, ¿Como será dentro de 30 años? Creo que todos tenemos claro, que de existir, no será más que una simple compensación de subsistencia. Entonces porque no nos incentivan para buscar formulas privadas complementarias a esa jubilación. Activos financieros, inmobiliarios, rústicos….cualquier forma de prevención ante la disminución de ingresos que supone la jubilación y abordan en serio un problema que si se posterga en el tiempo se volverá traumático. Tal vez, la primera medida, sería enseñar esos sistemas complementarios de jubilación desde los colegios e institutos y hacer campañas para informar y formar a toda la sociedad sobre la importancia del ahorro.

Obviamente, estoy haciendo políticas de taberna. Esa que suele darse entre amigos que intentan cambiar el mundo en un momento, pero en mi opinión no es ninguna locura separar cuando opinamos sobre la Seguridad Social española, lo que es asistencia sanitaria y pensiones, ya que entonces nos volvemos más objetivos y realistas. Puede ser que si nuestros profesionales políticos, escucharan los tabernarios debates, trabajarían mucho más cerca de la realidad que tanto esquivan.



Desde las Llanuras… Incomprendido Republicano

Y de repente, tal vez cosas del destino o tal vez por desatender mucho tiempo a los viejos amigos, me encontré en la sede de las juventudes comunistas de una ciudad no muy lejana, con una copa de whisky en la mano, por cierto no precisamente barato, y rodeado de banderas revolucionarias, que he de reconocer me agradaban, porque en cierto modo contribuyeron en el siglo pasado a construir el mundo que hoy conocemos, viejos posters de líderes políticos como algunos dirían, y otros de sanguinarios asesinos, me digan lo que me digan y banderas asequibles a mi humilde raciocinio mezcladas con otras cargadas de condescendencia e imprecisión histórica.

No sé si por efecto del buen whisky, que cuando es de gorra tiene efectos milagrosos, o por el carácter asertivo que a veces me ilumina, metiéndome en fregaos de los que luego me arrepiento, volví al siglo XXI, dejando el siglo anterior solamente en manos del envoltorio de aquel despacho de pan, que recordando mi niñez era aquella sala en la que me encontraba.

La verdad es que cuando me hablan de ideologías de manual, esas que se aprenden sus conceptos como el Padrenuestro, y se predican a bombo y platillo, sea quien sea el interlocutor, no puedo más que reprimir una sonrisa. Lo siento, no me creo nada. Son antiguallas de otro tiempo, como en su día dijo el deslucido Rajoy.

El comunismo, es una teoría tan magnífica, que nunca ha funcionado por ser pura utopía más propia de seres perfectos, lo que afortunadamente no somos. El socialismo está agotado, yo diría fundido. El capitalismo salvaje, promovido por los sectores liberales, o como dirían otros simplificándolo todo, la derecha, además de injusto, es inhumano, mezquino y ha acabado con la mayor situación de emergencia social, desde que nos consideramos modernos y democráticos.

Todo pura teoría, para predicadores que aún viven en el siglo pasado.

¿Acaso no está claro que en pleno siglo XXI, la política se debe concebir de manera distinta?. La información fluye por las redes, la historia nos demuestra el fracaso y colapso de toda ideología y la sociedad demanda políticas concretas en momentos concretos y por personas honestas, que solo busquen el bien común. Los partidos políticos solo son la estructura legal, y su carga ideológica, sin dejar de ser importante, solo está en segundo plano y la sacan a relucir o la esconden según convenga, a la temida frase “intereses de partido”. Creo que no hay frase que me asuste más.

Pero en ese momento, rodeado de símbolos de otro siglo y mi copa en la mano, la verdad es que no tenía muchas ganas de crear conflicto. Por lo que desde el principio rechacé amablemente, las invitaciones a afiliarme al partido, con la excusa de que yo no residía en la ciudad y a base de esfuerzos para fingir que no me interesaba la política. Todo discurría tranquilo, salvo algún pesado dándome clases de historia, mientras me llevaba de una pared a otra explicándome con más fe que razón aquellos símbolos y banderas. El problema es que nadie sabía, que soy un republicano convencido. Un republicano que no busca venganza por nada (y por mi historia familiar bien podría buscarla, de un lado u otro), que solo considera que tarde o temprano España dará un paso más allá en su construcción, para dejar paso a la lógica. Y por lógica algún día la sociedad por mayoría absoluta y aplastante, reclamará que en un país estable (y considero a este país como estable, más allá de algún político iluminado, que se cree el mesías de sus súbditos), un país civilizado y con la suficiente madurez democrática no necesita mantener a una familia, llámese Real.

Sin prisas. Sin revoluciones ni discordia. Todo a su tiempo. De momento Juan Carlos I, no me molesta para nada, aunque a veces parezca que quiere vivir de las rentas del 23-F. Algunos miembros de su familia, si que escuecen mucho más.

Con mí, YO REPUBLICANO, encendido, (era la única manera de integrarme en aquel ambiente), el cansino historiador, me plantó enfrente de una bandera tricolor, de la II República. La majestuosidad de sus palabras me sacaron de aquella ensoñación en la que me encontraba, no sé si por la media copa de whisky que llevaba o por la carga de propaganda que me rodeaba, haciendo que aquel erudito, que se me estaba haciendo demasiado cargante, se enfadara conmigo.

-¡Algún día volveremos a ver esa bandera en las instituciones, y que se jodan los fachas!- Me dijo.

-Ese día emigraré a Camerún- Contesté casi sin pensar. Estoy seguro que viviré más tranquilo. Esa bandera, por mucho que hondeé en manifestaciones pacíficas a manos de gente honesta, solo es un símbolo de revancha. ¿Cómo vamos a pasar página si no solo buscamos justicia y reconocimiento a las víctimas? Buscamos cambiar una bandera asentada en nuestro país, aunque el escudo haya cambiado algunas veces, (y recuerdo tanto en dictaduras o reinados, como democracia, o como también en la I República) por otra sin rigor histórico inventada por la envidia, el odio y la ignorancia.

La envidia, de querer parecernos a la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad, cuando nada tenemos que ver, con otra bandera tricolor.
El odio acumulado durante siglos a los Borbones, y a su representante más frágil, que reinaba en aquel momento y como revancha a una dictadura militar.
Y la ignorancia interesada. El color morado dicen que representa a los comuneros de Castilla. Como si aquel movimiento, en vez de buscar un rey castellano, fuera precursor del republicanismo y olvidando que esa bandera nada tiene que ver con ellos, solo es la que utilizan los movimientos castellanistas.

Pienso que si queremos pasar página a la historia trágica de España, no nos podemos perder en el ansia de revancha e imponer símbolos que puedan crear discordia. Aquello pasó, y está bien que se recupera la memoria de los olvidados durante décadas, que se luche porque nunca más se vuelva a repetir, pero con el espíritu constructivo que nuestro mundo demanda. La Monarquía caerá por su propio peso, como lo hizo en 1873, y lo más esperanzador es que entonces tendremos una sociedad, que solo conoce la democracia como forma de administrar un país, por lo que todo estará mejor organizado y planificado que en aquel conato de progreso administrativo. Mientras tanto, me seguirá irritando ver la bandera tricolor, porque solo refleja rencor.
El rencor con el que se proclamó el 14 de abril de 1931, después de una dictadura militar y los sucesos de Jaca y que no se supo reprimir hasta que otro militar usurpó el poder a base de sangre y fuego. Menos mal que de eso si aprendimos, y ahora los militares están muy bien donde están, sirviendo a su país y sin meterse en política.

Aún no había terminado mi copa, cuando me sentí como un ratón en una fiesta de serpientes. Parece que no gustó mucho, que un republicano no acepte una bandera tricolor. Pero lo que ese republicano no acepta, es perder el tiempo en banalidades y símbolos que solo incitan dolor. República sí, pero no a cualquier precio. Que ya somos mayores, en esto de la civilización.

Me despido, como en aquella reunión, donde me empecé a sentir observado e incomodo, dando el último trago al vaso (esta vez es café calentito) y afirmando

–No era mi intención molestar a nadie, solo daba mi opinión-

Emilio Almodóvar