Desde las Llanuras… Nuestra imagen digital

Todos, independientemente del tiempo que dedique a su «envoltorio», nos preocupamos por la imagen que va a proyectar al exterior. Se trata de una serie de normas no escritas, que favorecen nuestra convivencia, nos hacen sentir seguros de nosotros mismos o simplemente son el decoro que nos impone la necesidad  de vivir en sociedad. Porque nuestra imagen personal, no es solo la envoltura, sino también la forma de expresarnos o de relacionarnos  con los demás. Estas reglas tácitas, nos indican, entre otras cosas, que no es lo mismo hablar con nuestra familia y amigos, que hacerlo ante personas con las que mantenemos una relación más distante o profesional. La sinceridad, en este último caso, el decir lo que pensamos sin tapujos, ante personas que no forman parte de nuestro círculo más íntimo, siempre deja paso al respeto debido para mantener la concordia. No se trata de ir haciendo amigos por la vida, simplemente de mantener una imagen respetuosa con los demás, para ser tratados de igual forma. Las afirmaciones más severas, nuestros odios internos o nuestros pensamientos más mezquinos, (que digan lo que digan todos tenemos y como es normal son erróneos y reprochables) se suelen dejar para ambientes más distendidos, donde equivocarse no va más allá de un rato de risas o una discusión sin mayores consecuencias.

Equivocarse. Algo tan humano y normal en ambientes distendidos, por la propia relajación a la que sometemos a nuestra imagen personal, y frecuente también, en otros ambientes, debido a las tensiones de un momento, a una traición del subconsciente o a cualquier otra circunstancia que no podemos controlar. Es la esencia del ser humano. Todos entendemos que alguien, por mucho que cuide la imagen que quiere proyectar hacía los demás, en un momento determinado se relaje, como si estuviera en familia, salte con un improperio, un desplante, una falta de respeto o sencillamente le pierdan las formas. No somos máquinas perfectas. Todo se olvida, las palabras se las lleva el viento y siempre nos quedará un PERDÓN.

Pero todo aquello que es válido para justificar, el fallo en los engranajes de nuestra imagen personal, nunca es válido para nuestra imagen digital.

Las nuevas tecnologías, brindan al ser humano la oportunidad de proyectarse al mundo, como nunca antes había imaginado, a través de las redes sociales. Es nuestra decisión, participar de ese avance o no. Pero si decidimos participar de ese progreso mayúsculo, que lo es, aunque también es cierto que el acceso a tanta información puede ser perjudicial para las mentes más cómodas, es necesario aceptar las condiciones. Y una condición intrínseca que va asociada al uso de las redes sociales, es que vamos a crear una imagen digital. Aunque no nos guste.

Según un artículo que leí en un blog especializado, se avisaba hará una semana, de que los españoles, somos los usuarios de las redes sociales, que más infravaloran los contenidos que manejan en sus redes. Basándose en un estudio elaborado por la Universidad de Stanford, se apuntaba que subestimamos la audiencia real de nuestros comentarios, post o imágenes en un 35%. Como causa más probable, se indicaba que seguimos tratando las redes sociales como una red de «amigos». El problema es que una vez que descontamos aquellas personas de nuestra red, con los que tenemos contacto diario, nos queda una vasta red de conocidos, «amigos virtuales», compañeros, ex compañeros, amigos de amigos, seguidores de seguidores, y un sinfín de personas que diariamente ven como nos mostramos, a través de nuestra imagen virtual. Como es lógico, esto que puede suponer una herramienta fundamental para todo ser humano, que quiera aprender, informarse, proyectarse como profesional o simplemente como persona, se puede convertir en algo contraproducente si no se cuida, además de forma exquisita. Porque si antes hablaba, de que nuestra imagen personal es susceptible a relajarse y todo el mundo lo puede entender, en nuestra imagen digital no cabe esa posibilidad, ya que nadie está obligado a reaccionar ante las circunstancias del momento, como en la vida real, y nadie está obligado a  escribir un artículo, un comentario en facebook o mandar un tuit, si las condiciones y el entorno no le son favorables para hacerlo, por lo menos con cortesía y respeto. Además en la red, las palabras no se las lleva el viento.

Entre las características de los usuarios españoles de estas plataformas, el estudio destaca las imágenes inapropiadas, la forma de expresarse y las faltas ortográficas, además de lo poco profesionales que son nuestros perfiles. Los investigadores indican, y con razón, que ante una selección de candidatos para un empleo, al seleccionador le basta con buscar la imagen proyectada por los candidatos en las redes sociales, para hacerse una idea más clara, de cuál será su elegido. Aunque esto también es válido para cualquier ámbito. Trabajadores freelance que necesiten que les aprueben proyectos, empresarios, personas con inquietudes artísticas, inquietos intelectuales que busquen el aprendizaje a través de lo que se comparte en las redes sociales…etc. De una forma u otra, la imagen digital que proyectamos a través de las redes sociales, nos puede afectar en la vida de manera negativa. Y de eso saben mucho aquellas personas que ya lo han sufrido en sus carnes.

A la amplia lista de políticos que cuidan sus perfiles, sus comentarios o sus blogs personales, hay que añadir aquellos que continuamente están metiendo la pata por su visión tan pobre de estas plataformas. Toni Cantó, diputado de UpyD, es tal vez el máximo exponente. Su afán de protagonismo, lo coloca habitualmente en el blanco de todas las críticas, en muchos casos merecidas. Pero no es el único. González Pons es otro asiduo de los disparates tuiteros y quién sabe si esa no es la causa por la que no se le diera un ministerio, cuando el PP consiguió la victoria electoral. Socialistas que más bien parecen hooligans, como una tal Martu Garrote, también existen. Esto no es un problema de partidos, es un problema de imagen digital, y en todo caso personal, pero que hacen un flaco favor a su formación cuando utilizan las redes sociales para que sus “amigos” les rían las gracias. Son personas que no profesionalizan sus perfiles. Los mantienen solo y exclusivamente para sus acólitos, cuando desde mi humilde percepción un político debe dedicarse a hacer política, es decir, a proponer, debatir y buscar soluciones para la mayoría, sean de los tuyos o no.

El ejemplo más ilustrativo de esto, tuvo lugar con la famosa expresión de “catalanes de mierda, no se merecen nada”, que el responsable de la Marca España, Juan Carlos Gafo, tuiteó cuando puñado de personas silbaron el himno, como si ese puñado fueran la voz de todos y cada uno de los catalanes del mundo. En su fuero interno, tal vez piense que los catalanes son una mierda e incluso soltarlo en una barbacoa con los amigos, pero en lo que respecta a las redes sociales, tiene dos opciones, o callar o hablar con respeto, al igual que lo haría en una reunión profesional. Sus palabras, no se las llevó el viento y lógicamente fue destituido.
Pero, aunque a los políticos siempre los tenemos más a mano, es cierto que la utilización como herramienta de juego, más que profesional, que hacemos de las redes sociales es algo generalizado. Y las consecuencias pueden ser muy graves.

El trágico accidente ferroviario, del pasado 24 de julio, en Santiago de Compostela, nos ha vuelto a dar una lección de hasta cuanto puede afectar nuestra imagen digital a nuestra vida. Mientras, que por norma general, los políticos estuvieron a la altura de las circunstancias, también en su imagen digital, el perfil de facebook del maquinista del tren se colapsó, al filtrase por twitter, una conversación, entre amigos, (siempre entre amigos) donde este señor se jactaba de la velocidad que alcanzaba con su tren. Como es lógico, esto no demuestra nada, pero la imagen que aporta de este señor es deplorable. Una vez más, la utilización de forma banal de una red social, hace que al maquinista, la sociedad ya lo haya juzgado, solo por comentar entre amigos, lo que nunca hubiera comentado en una reunión con los responsables de RENFE.

Está claro, que a través de las redes sociales somos espiados. Lo que no está tan claro, es si eso es bueno o malo. Todo depende del uso que les demos. Por mi parte, me pueden encontrar en facebook, google +, en @emilioalmodovar o en el blog www.desdelasllanuras.blogspot.com donde creo que cuidar mi propia imagen digital, es algo que estoy haciendo bien, no obstante pondré más celo a partir de ahora.
Prometido.

Emilio Almodóvar

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Un comentario
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  1. Emilio, enhorabuena por el artículo, sencillamente excelente. Creo que sería digno de estar publicado en cualquier medio de gran audiencia, su calidad mejora en mucho algunas cosas que se leen por ahí.

    Un abrazo

    Alex

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